TE QUEREMOS, Y HASTA SIEMPRE
Querido abuelo, ojala sería capaz de de expresar todo lo que sentí, siento, y sentiré por ti, pero me faltan las palabras, y el tiempo para poder escribirlo.
Son muchas las cosas que he aprendido contigo, muchos los sentimientos, y valores de la vida, muchos, pero por desgracia, en muy poco tiempo.
Es bonito pensar que no te tuve solo como abuelo, sino, como un buen amigo, del que nunca me olvidaré, porque supiste guardar un secreto, porque me aconsejaste en los momentos difíciles, porque lograste sacar una sonrisa de donde no la había, porque fuiste la luz que me guió cuando estaba perdido y no sabía qué hacer, y el que la apagó, para que pudiese dormir cuando había pasado un mal día. Porque fuiste único, querido, e irremplazable.
Me siento orgulloso, de tu forma de pensar, de tu sabiduría de vida, de tu peculiar manera de explicar las cosas con fascinantes historias, de tu increíble capacidad para unirnos a todos en la mesa el día de Navidad, y lograr, una noche perfecta, con los temas perfectos, y la comida perfecta. Por último, y no por ello menos importante, de lo que de verdad me siento orgulloso es de tenerte como abuelo.
Pero todo tiene una pega, porque lo bueno siempre acaba pronto. Porque te oigo, y no eres tú el que habla, porque no puedes. Porque te sigo viendo, y me recuerda que ya no estas, solo son fotos. Porque no eres mi sangre, y sin embargo, te llevo siempre en mi corazón, porque me lo diste todo, y solo me hacías falta tú.
Me enseñaste mucho, ya lo he dicho, pero lo que de verdad me asombra es el hecho de que me sigas enseñando después de muerto, porque gracias a ti, sé cuál es el verdadero valor de una familia unida. El valor de querer las cosas en su momento, y no después. El valor de la continuidad, porque aunque tú no estés, la vida sigue adelante, con mayor o menor dificultad, para algunos, sin embargo, sigue.
Lo único que se queda vivo en este mundo, es lo que recuerdan de ti, lo que diste a conocer a los demás, las buenas obras, y esa infinidad de cosas que dejaron huella allí donde fuiste, que residen en los recuerdos de la gente que te escucho, y en el corazón de las personas que te quisieron, quieren, y te querrán.
Es triste, pero no nos damos cuenta de que queremos algo hasta que no lo hemos perdido por completo, triste, pero no nos demos cuenta de que la vida es solo una, y no hay un volver a empezar, ni siquiera retroceder unos instantes. No nos damos cuenta de lo que de verdad importa, por encima de esos problemas del día a día, de lo ocupado que estés, de lo que tengas que estudiar, y de lo que aún te queda por trabajar. Por encima de esa infinidad de cosas que parecen tan importantes, aunque pueden no serlo, porque, ya habrá otro momento para estudiar, podrás trabajar más adelante, y esos problemas del día a día se resolverán más fácilmente de lo que crees, porque tienes toda la vida por delante, sin embargo, otras personas ya no.
Son personas que estuvieron aquí desde hace ya mucho tiempo, y que, probablemente, para algunos, su vida esté a punto de acabar, y aun no siendo así, son merecedores de toda nuestra atención, tiempo, y cariño.
Si, son los abuelos, si, son lo que de verdad importa, porque lo que de verdad importa es la familia, y en especial ellos, porque son los que más nos pueden enseñar, y no estoy hablando de matemáticas, ni de ciencias, tampoco de idiomas, y menos de nuevas tecnologías.
De lo que estoy hablando es de uno de los estudios más difíciles del mundo, que es el que más suspensos y aprobados se ha llevado, que también es el más largo, y que son unos estudios que todo el mundo acaba, con más, o menos años.
Esos estudios, no son otros, que la vida misma, que desde que naces hasta que mueres, te enseña todo lo que ella abarca, y que no hay mayor sabiduría que la que la vida otorga al anciano.
Por eso, escúchalos, déjate enseñar, y te sorprenderás de la gran cantidad de cosas que pasan en una vida, de cómo les enseñaron a ellos y como ahora ellos te enseñan a ti, porque ellos te quieren, aunque a veces no lo digan, porque te quieren, aunque se enfaden. Te quieren, aunque la vida los haya desgastado tanto, que a veces, no tengan, ni siquiera, las fuerzas para demostrarlo.
No cometas el error de no estar con ellos cuando debiste, porque puedes pensar que habrá más veces, que siempre están ahí, que ya habrá tiempo para hacerles una visita, pero… y si no fuese así, porque la edad pesa, y mucho, y no sabes cuánto puede llegar a durar una persona, tal vez años, o tal vez décadas, pero solo tal vez. Aprovecha el tiempo que estás con ellos, porque ellos necesitan, y quieren estar contigo.
Solo asegúrate de que estuviste siempre que pudiste, que no lo dejaste para otro día, y que ese día no llegó, porque duele, duele mucho pensar que pudo haber sido más tiempo, y sin embargo , lo dejaste.
Aprende a apreciarlos no solo por lo que son, sino por lo que te pueden llegar a enseñar, que si tú les dejas, es mucho.
Querido abuelo, sé que ya no queda tiempo, sé que se pasó, y ya no volverá, y que quizá, lo podría haber aprovechado más, porque pude, y no quise, y ahora, me arrepiento. Me habría gustado estar a tu lado, para haberte conocido un poco más, y haberte acompañado en tus últimas bocanadas de aire, aunque sería en un hospital, y el aire sería de una máquina, aún así, me habría gustado estar a tu lado, para ayudarte, como tú lo hiciste conmigo, para mostrarte y ofrecerte todo el cariño que tu necesitabas, porque estuviste mal, y yo quise, pero ya no pude ayudarte.
Hice todo lo que pude, y sin embargo podrían haber sido más horas, más historias de las tuyas, más risas, y más lágrimas a tu lado.
Abuelo, me siento orgulloso, de ser el nieto, del que fuiste, eres, y serás, mi mayor ejemplo a seguir. Y aunque escriba este texto con lágrimas, quiero que sepas que son de alegría, pues todo lo que soy es gracias a ti, y que si no habría sido por ti, hoy, no habría escrito estas palabras. Por eso, porque no te olvidaremos, porque fuiste ejemplar toda tu vida, te quisimos, te queremos, y hasta siempre.